“Nobody can go back and start a new beginning, but anyone can start today and make a new ending”
Maria Robinson
Si, los excesos habían hecho mella en su cuerpo y en su espíritu. Aureolas amoratadas alrededor de los ojos y una piel de un lúgubre amarillo pálido servían de tarjeta de presentación a los visitantes que, como penitentes, desfilaban por la habitación haciéndose confidentes de sus ruidos quejumbrosos y suspiros desesperanzados. Hace tiempo que perdió el tren de futuro, que apago el fuego de su alma y decidió dejarse ir. Pudo haber luchado, actuado y defendido su dignidad. Pudo, pero no lo hizo. A Fin de cuentas, extender la mano a cambio de unos céntimos exigía menos esfuerzo que intentar cambiar el rumbo de toda una vida.
España está enferma, de eso no hay duda, y con ella todos los que de alguna manera dependemos de su bienestar. Las reformas y recortes realizados por el Gobierno han dejado una resaca negativa y pesimista llena de quejas, amargas historias y malas perspectivas futuras. Esta fase de luto, tan entendible como poco útil, ha de dejar paso a una fase de renacimiento. Como una gripe común, debe ser curada y evitada su reaparición posterior, haciendo uso de hábitos más saludables y positivos. En este proceso todos tenemos un rol primordial.
Por unos minutos nos vamos a olvidar del Gobierno, de los políticos, de las leyes injustas y todo lo relacionado al papel de las instituciones. Hoy vamos a poner el foco en cada uno de nosotros, ya seamos grandes empresarios, emprendedores, trabajadores o desempleados. Estamos inmersos en un proceso largo y complejo, pero no es la primera vez. Situaciones iguales y más duras han sufrido decenas de países, incluido el nuestro. Hay que asumir que todos tenemos la opción y la obligación de crear valor, independientemente de lo que suceda a nuestro alrededor.
El empresario
Los empresarios, tan poco valorados cuando el rumbo de la economía se tuerce, tienen una buena parte de la culpa de que nuestro país consiguiera colocarse en el grupo de cabeza político-económico mundial. La mayoría han asumido riesgos, creado empleo y ha contribuido en el enriquecimiento social (y el suyo personal, por supuesto). Pero la realidad ha demostrado que muchos de ellos no han actuado de la manera correcta, se han sobreendeudado en sectores altamente especulativos y se han convertido en parte del problema, en vez de ser parte de la solución.
Si queremos renacer, se ha de acabar la cultura del pelotazo (bancario, inmobiliario,…) y se ha de apostar por la innovación, todos han de ser justos con los demás ciudadanos pagando religiosamente los impuestos exigidos, en los tiempos buenos han de provisionar para los tiempos malos y han de atraer (recompensando adecuadamente) a los nuevos talentos que crea cada año nuestro sistema educativo.
Cada día se han de preguntar si España está mejor con ellos que sin ellos, si están creando valor y si están aportando en la mejora de nuestra sociedad. Ellos son el motor que empuja nuestro barco, y solo ellos pueden ganarse el respeto popular. No necesitamos más “poceros” como ejemplo de éxito, necesitamos empresarios comprometidos con el futuro y el bienestar general. Yo apuesto por ellos, ahora ellos tienen que apostar por España.
Los emprendedores y futuros emprendedores
La regulación no apoya ni promueve ningún tipo de emprendimiento, la financiación es escasa y las perspectivas macroeconómicas no invitan a la creación de nuevas empresas. Esto limita las opciones de los posibles emprendedores nacionales en el momento que más les necesitamos.
Necesitamos ideas y personas valientes. No podemos querer ser otra generación de funcionarios. Hay que huir del miedo y arriesgarse, especialmente cuando se es joven. Si, en España también se puede. No hay que ir a California para encontrar ejemplos motivadores de emprendimiento. Jóvenes como Javier Agüera (Geeksphone), Luis Iván Cuende y Alberto Elías (Holalabs) y, el por todos conocido, Pau García-Milà (EyeOS) demuestran que se pueden crear grandes proyectos internacionales dentro de nuestras fronteras, independientemente de la edad y de la capacidad económica.
El sistema educativo ha de convertirse en una fábrica de empleo, fomentando el espíritu emprendedor, y no en una fábrica de parados altamente cualificados. El crecimiento llegará cuando las nuevas ideas se abran sitio en el mercado, impulsando los sectores de futuro como internet, las tecnologías limpias o la biotecnología.
Los trabajadores y desempleados
Sin la fuerza laboral necesaria ninguna organización puede funcionar. La apertura de las fronteras comerciales y la expansión de las tecnologías de la información han dotado de gran movilidad al factor trabajo, haciendo posible producir bienes y servicios a miles de kilómetros de donde se disfrutan. La competencia ha aumentado, y el empleo por cuenta ajena ha dejado de ser una opción segura intrínsecamente. El trabajo no es un derecho universal, es un derecho de quien se lo merece y demuestra que es un activo de valor para quien le contrata.
Para superar la crisis en la que estamos inmersos, se necesita que los trabajadores comprometidos y productivos, que sean conscientes de sus limitaciones y trabajen para solventarlas, creativos y ambiciosos. Internet ha abierto las puertas al desarrollo personal y profesional. De manera gratuita podemos acceder a charlas y clases de los mejores profesores del mundo, a cursos de cualquier temática, a blogs especializados,… Ya seas trabajador o desempleado, la red te da la opción a seguir creciendo como profesional. La crisis pasará, antes o después, y lo importante es no estancarse y perder el hilo de las exigencias del mercado laboral.
Por último, la emigración es una gran opción. Personalmente, en mis periodos en el extranjero, he aprendido mucho y he superado muchos retos, que me ha preparado para asumir el más grande, emprender un proyecto propio. Nada es para siempre, y muchos de los que salgan volverán al país a apoyar el crecimiento, con una mentalidad más internacional y abierta.
A nadie se le exige cambiar el mundo o transformar toda una realidad. Pero todos tenemos la obligación de cambiar nuestro pequeño mundo personal, asumir las responsabilidades de nuestra propia vida y no esperar que sea el Estado el que lo solucione. Ya seamos grandes empresarios o parados, el futuro depende de nosotros, y de que todos empujemos en una misma dirección. En la dirección del crecimiento, de la mejora personal y social, de la proactividad y de la valentía.
Es tiempo de creer y de transmitir esperanza.
Es tiempo de tomar las riendas de nuestra vida.
Es tiempo de finalizar el luto y de renacer.